Algo de TIC para la vida laboral


He tenido la fortuna de estudiar una carrera multidisciplinaria, en donde las ciencias políticas, sociales y humanas, el derecho, las finanzas, la contabilidad, la administración, la economía, las relaciones internacionales, los idiomas, y especialmente el método de enseñanza, me han permitido desempeñarme en distintas funciones de los sectores público y privado, siempre desde el ámbito de la gestión. Conozco de herramientas, procesos y procedimientos. Y las TIC, son parte esencial de mi saber profesional.
Inicié labores remuneradas, después de culminar mis estudios universitarios, como asistente de decanatura de la Facultad de la que me gradué, allí además de la cooperación universitaria, tuve la oportunidad de conocer el Internet y ser la única persona con acceso en la universidad, aparte del Rector y el Decano de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales. Por ese entonces, y como aún lo hago, como hobbie, recopilaba en carpetas de cartón que archivaba en cajones, numerosos recortes de periódicos y revistas, meticulosamente pegados y documentados con fuente, página y fecha, de aquellos que nos llegaban semanalmente, por convenio con las aerolíneas extranjeras que nos los enviaban para nuestra lectura, como estudiantes y profesores de relaciones internacionales.
La llegada del Internet y el acceso que desde siempre tuve a los computadores, primero Macintosh y luego los del sistema operativo DOS, cambió la manera de recibir en línea las noticias, que guardaba en discos externos blandos y luego duros, hasta que no hubo necesidad de seguir guardando. todo estaba en la red. sólo hacía falta buscar y navegar. No naufragar. San Google no existía, el intercambio de archivos era de película del futuro. La documentación, y saber dónde está o quién puede darme la información, es columna vertebral de mi formación.
Debido al cierre de las colecciones de Google+, hoy archivo la información de manera diferente y con mayor capacidad para compartirla, por ejemplo, a través de mi página personal de Facebook, en la que hago mención a mi vida, enlazo a  mis artículos de Linkedin o comparto en mis tableros de Pinterest  mis temas de interés y de manera gratuita.
La tecnología no me abruma, conozco de ordenadores y sus programas. He usado todos los betas. Conozco y sé cómo funcionan las hojas de cálculo, los procesadores de texto, los programas para realizar presentaciones, las redes sociales verticales y horizontales, las herramientas de comunicación audiovisual, y obvio, desde un computador o un aparato móvil. Ni hablar del número de aplicaciones que he bajado y usado, especialmente las de productividad, con el fin de usar aquellas que me parecen alucinantes. La última que me descrestó se llama TrueCaller, que identifica los números de teléfono de quiénes me marcan al teléfono móvil. Es impresionante. Todos estamos en esa base de datos. Sé que compartí la mía, más alguien tuvo que compartir la suya antes que yo, para que me engancharan el día que me mostró un desconocido que supo quién era, sólo por marcar desde su celular mi número móvil.
No negaré que la aplicación que más que ha gustado ha sido Twitter. Si bien la forma más fácil de describirlo es el antiguo telegrama, que cobraban por palabras enviadas, su evolución con archivos de fotografía, vídeo y audio, la hacen la red con más agilidad para estar al día en las noticias. Su problema, o el mío, es la agresividad de quienes piensan distinto y así lo hacen saber.
Hoy sé que las herramientas tecnológicas que aprendí a manejar en mis múltiples empleos, como sistemas de información internos para documentación de proyectos o inclusive de mensajería, los sistemas de gestión integrados con sus aplicativos tecnológicos, los programas para el registro de la gestión integrada de proyectos, producto de los Project Management y su planeación, todos, y cada uno, dejaron enseñanzas más que traumatismos por su uso. ¡Qué aburrido era sentarse frente al computador a revisar y diligenciar la información en las distintas herramientas! ¡Y qué bueno cuando ellas mismas lanzaban alarmas sobre tiempos, recursos, presupuestos, clientes y hasta alertas de ética!
Bienvenida la tecnología y bienvenido su buen uso en todas las profesiones.

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