viernes, abril 12, 2013

Agenda internacional: agua, alimentos, energia

Ayer mi amigo Jair Pacheco, todo un experto en políticas públicas, responsabilidad social corporativa y estándares internacionales de excelencia, me enseñó sobre el modelo CAMI de innovación: copia, adapta, mejora e innnova.

Cuando se clasifican noticias internacionales a diario es muy fácil dar con la preocupación mundial alrededor de tres temas en concreto: el agua, los alimentos y la energía. 

Con los avances de la ciencia y el entendimiento de las enfermedades trasmitidas por el agua no potable, su estancamiento y contaminación, hemos logrado como humanos mejorar la salud y calidad de vida de varios de los pobladores del planeta. No es igual en todos lados. Sabemos que mientras más pobre es una población menos acceso al agua, saneamiento básico y a la energía tiene. Los alimentos es cuestión de soberanía, cultura, inducción y apropiación.



El agua es vida. Pero también es un negocio. Y la responsabilidad de cómo la usamos depende directamente de nosotros. Cierto es que potabilizar el agua cuesta dinero. No sólo es el procedimiento de hacerla óptima para el consumo humano, también se trata de su transporte y disposición final.

Los países en desarrollo han copiado los modelos de acueductos y alcantarillados de países desarrollados, cuyas empresas de servicios públicos domiciliarios, casualmente, son en gran parte dueños o “inversionistas privados” de las empresas del mundo en desarrollo.  Se ha trasmitido la importancia de crear represas, desviar ríos, construir tuberías y conectar las urbes sin tener en cuenta, en la mayoría de los casos, las características geográficas, condiciones climáticas y alternativas locales.

En el caso específico de Colombia, se adapta la tecnología de acueductos mediante grandes obras de infraestructura para enterrar los tubos  de las empresas comercializadoras del servicio de agua potable quienes tienen las concesiones de uso y disposición de aguas.  Pocas empresas mejoran los conocimientos, ninguna prevé la utilización de aguas lluvias ni separación de aguas grises o jabonosas y negras en sus conexiones finales. Tampoco lo hacen los constructores. Aquí se lava con agua potable escaleras, vajillas, automóviles, ropa y demás absurdos. El agua que nos cuesta potabilizar la despilfarramos con conocimiento.  No mejoramos, no innovamos. No buscamos las mejores alternativas de fuentes hídricas para las urbes, no compensamos daños ambientales y nos lavamos el pelo y los dientes en la ducha, quejándonos después de las facturas del agua y la energía.  

Y si el agua es vida, la energía es indispensable. Críticas al modelo copiado y adaptado a la geografía de los países en desarrollo hay miles. No sólo son modelos de negocios viejos e insostenibles sino que además no avanzan en la búsqueda de energías alternativas y limpias. No hay mejora, no hay innovación. Y como ciudadanos prendemos todas las luces de casa para evitar el miedo a la oscuridad, usamos luminarias ineficientes que trasmiten calor y no luminosidad, no cuidamos el recalentamiento de las instalaciones eléctricas que producen fugas y mayor precio de la energía consumida y usamos medias de lana para dormir en lugares donde el aire acondicionado nos mata de frío en la noche. ¡Para qué apagarlo!

Por último, agua: vida; energía: indispensable y alimentos: inducción. ¿Cómo es posible que en el segundo país del mundo con mayor biodiversidad, Colombia,  se pase hambre? Ah! Claro! No alcanza el presupuesto para comprar cereales para desayunar, hamburguesa para almorzar y comida china para cenar. Si no hay aguas azucaradas y procesadas, salsa de tomate y pan industrial, la fiesta de los niños es de pobres. Los huevos, la tocineta, las arepas, los fríjoles, el sancocho, el ajiaco, el mondongo, la chicha y el masato son de campesinos e indígenas. ¡Ellos pobres!. En las urbes hay trabajo, comida, bienestar, buenos vecinos, ciudadanos conscientes, atascos de tráfico y compras imposibles.

Somos nosotros quienes elegimos a nuestros representantes, somos nosotros quienes participamos en las juntas de vecinos y acción comunal para identificar, priorizar y ejecutar los presupuestos públicos locales. Somos nosotros los que gastamos el agua y la energía y buscamos soluciones inteligentes e innovadoras de uso y ahorro. Somos nosotros los que decidimos cómo alimentarnos y a quién comprarle. Somos nosotros quienes consumimos.

Bienvenidas las mejores prácticas.